viernes, 13 de noviembre de 2009

Las niñas pueden ser tan crueles...


-Terminó el tiempo, pasen sus exámenes de atrás hasta adelante, rápido-

El silencio sepulcral que acompaña a los examenes se rompía con la indicación del profesor que se ponía de pie y dándole la espalda a los alumnos escribía algo en la pizarra.


-Huguito...¿Qué tal te fue?-

Su mano, adornada de esmalte púrpura y brazaletes de distintos colores se apoyaba en la carpeta, un par de ojos cubría el recorrido de su muñeca, codo, antebrazo y terminaba maravillado en su sonrisa delineada por chapstick rosado y una cola de caballo adornada con rayitos dorados en su cabello color castaña.


-Bi... Bien...-

El muchacho, sentado en su carpeta como si le faltaran vertebras a su curvada espalda responde dejando escapar unas gotas de sudor por su grasosa frente.


Ella, vestida de turquesa y sonriendo, rie y se acerca un poco.


- Ay! ¿No me vas a preguntar como me fue? Mira que me resiento!-


Un puchero se dibujaba en sus labios y sus enormes ojos verdes aparentaban tristeza, digan de alguna nostálgica postal.


-Claro... ¿Cómo... Cómo te fue?-

El joven vestía de azul oscuro, una ancha polera con las siglas de alguna universidad privada en el pecho y el cabello largo y descuidado cayendole hacia adelante, presionaba los puños mientras trataba de apartar su mirada del escote graciosamente señalado por un collar plateado con un dije de corazón apuntando hacia el medio de su pecho.


-Pues no muy bien, pero no me preocupo, ya fue. Oye tú eres bien chancón ¿no?-

Se llevó la mano derecha hacia la boca y se limpio un poco del brillo que cubría sus labios.


-¿Ah? No... Si, un poco-

Se rió a carcajadas dejando ver su perlada dentadura y un piercing plateado en el centro de su lengua.


-¿Oye le puedes entregar esto al profesor?-

Extendió la mano y rozando la del joven le entregó una hoja color blanco, escrita con lapicero rosada y llena de garabatos, corazones y pequeños tornados en el marco.


El joven había recibido una orden y no podía hacer más que obedecer, enbelezado por la mirada pícara de la joven, se pone de pie, llevándole casi dos cabezas de ventaja en tamaño a la chica toma el papel fuertemente entre sus dedos, sonríe y avanza hacia donde está el profesor.


-Gracias Huguito-

Ella sonrie y arruga los labios mandándole un beso que el joven recibe imaginariamente con toda la calentura del mundo.


Cruzaba el escándalo del salón de 4to año de Secundaria dirigiéndose hacia el profesor, estaba a tan solo 2 pasos de distancia cuando una pierna desde algún sitio cercano se estira, cubriendo el camino por el cual Hugo debía pasar.


El joven, destilando baba por la joven del lapicero rosa no se percata del pie que obstruye su camino.


Su pie derecho se topa con el del intruso y no pudiendo reaccionar rápidamente sus brazos se agitan en el aire escandalosamente como tratando de ubicar un punto de apoyo, se dibuja una mueca de desesperación en su rostro y sus piernas fallan.


Su rostro se aproximaba al suelo de cerámica gris, finalmente el movimiento de sus brazos agitado y exagerado resultó inutil y cayó de rostro contra el suelo golpeándose el tabique y la frente.


-¡Joven Solíz!-

El grito del profesor, iracundo dejaba la pizarra y se aproximaba a Hugo en medio de las carcajadas y calambres estomacales de los observadores.


-¿Pero qué carajo tienen estos chicos?-

El profesor tomaba toscamente del brazo al muchacho y de un jalón lo obligaba a ponerse de pie.


Hugo se levantaba y con una expresión desorientada mostraba al resto de la clase su nariz desotrozada por el golpe destilando sangre y su frente roja por el impacto.


En medio de su confusión, verguenza y dolor, alcanzó a ver como todos se retorcían riéndose, señalando, mientras que el fondo del salón, apoyando las caderas en el marco de la ventana, la joven de las uñas púrpuras le sonreía y mandaba un beso para luego verse envuelto en una densa oscuridad.


1 comentario:

Micky Bane dijo...

Bien emo, bien dark. Aun así, me gustó.